Los amigos del cacao

 

Antes de trabajar en Luker Chocolate como practicante de la Granja Luker, nuestro centro de investigación y entrenamiento alrededor del cacao, me imaginé que mi oficina iba a estar rodeada de computadores y paredes blancas, pero estaba completamente equivocado.

Cuando llegué a la Granja Luker, mi comité de bienvenida estaba conformado por una pandilla de perros muy gruñones que no me querían dejar entrar, pues ellos, como buenos guardianes de la finca, son los encargados de velar por la seguridad de la misma. Solo después de acercarme amistosamente me dejaron llegar a mi nuevo puesto de trabajo y sin saber, una integrante de la pandilla de perros llamada Peggy, se convertiría en mi compañera inseparable de aventuras. En ese momento me di cuenta de que este no era un trabajo del todo normal, pues de ahí en adelante mis jornadas laborales transcurrirían en medio de un bosque de cacao y acompañado de cientos de especies diferentes.

Es sabido que las plantas, y en general los cultivos, albergan una cantidad inmensa de insectos y de animales, pero la deforestación y el uso intensivo de monocultivos ha hecho que estos hayan migrado o que algunos incrementen desmedidamente su población, a tal punto de considerarlos plagas. Las plantaciones forestales en Colombia se han utilizado con fines comerciales y como herramientas estratégicas para la restauración de suelos degradados y la conservación del recurso hídrico; sin embargo, el efecto de las plantaciones forestales sobre la diversidad local ha sido poco evaluado, especialmente en el papel que juegan como hábitats para la restauración y conservación de la biodiversidad (Haggar et al., 1997, Barlow et al., 2007, Mitra y Sheldon 1993). En el caso de Luker Chocolate, implementamos sistemas agroforestales tanto en Granja Luker como en nuestros cultivos empresariales de cacao en Necoclí (550 ha) y en Casanare (1.000 ha), generando con ellos biodiversidad y un lugar óptimo para la conservación de fauna y flora autóctona.Pero, ¿cómo hemos medido la biodiversidad que generamos con nuestros cultivos? Las aves son utilizadas como indicador de biodiversidad de una región, debido a que su abundancia y ocurrencia está influenciada por las características y composición del hábitat del que se encuentran asociadas, son relativamente fáciles de observar y pueden ser censadas a grandes escalas (GREGORY, 2006); RAMÍREZ-ALBORES Y RAMÍREZ-CEDILLO, 2002). Solo en nuestro bosque de cacao en Necoclí existen 96 especies de aves diferentes, casi un 10% del total de aves reportadas en Colombia.

En Granja Luker no solo medimos la biodiversidad con las aves si no con muchas otras especies que habitan el ecosistema del cultivo y que hoy se han convertido en amigas del cacao. A continuación te contaré algunas de mis más memorables anécdotas con algunas de ellas.

En mi primer día de trabajo decidí recorrer la granja con Peggy, mientras caminábamos empezó a ladrar y correr desesperadamente persiguiendo un grupo de aves. Al acercarme más, me di cuenta de que estos animales no estaban en el cacaotal por cuestiones del azar; por el contrario, estaban haciendo trampas en los frutos de cacao para atraer insectos que se convertirían en su alimento.

Poco a poco fue avanzando el día y había llegado la hora del almuerzo. En una oficina común y corriente es normal que este momento se convierta en un espacio para interactuar con nuestros compañeros, y aunque eso era lo que yo estaba esperando, este no era el caso, pues mis colegas eran un poco diferentes. A medida que me acercaba al comedor -al que la manada de perros había llegado de primer lugar- ubicado a 1 km de la casa principal de la finca, me topé con gallinas que también estaban buscando su alimento, así como con una pareja de patos hambrientos y un loro que gritaba “¿quiere cacao?”.

Un mes después, fui a recolectar frutos con los trabajadores de la granja bajo un cielo totalmente despejado; el día estaba soleado y sentí que nada malo podía pasar. Pero, de repente, sentí como si me estuvieran electrocutando la cabeza y la espalda. Comencé a gritar y los trabajadores, acostumbrados a este tipo de situaciones, me dijeron que me retirara la camisa porque estaba siendo invadido por avispas diminutas. Yo les hice caso y logré quitarme los insectos de encima. Decidí volver al lugar del “ataque” para verificar qué me había picado, pero las avispas me volvieron a atacar. A mí me habían advertido que en la vida uno tiene jefes buenos y malos, que inclusive algunos de ellos serán mal humorados, pero no creo que alguien haya sido tan severamente juzgado por un jefe como yo lo fui por esas avispas; seguramente esa era su forma de decirme que tenía que ser más respetuoso con su hogar.

Del ecosistema de la Granja también hacen parte unos gusanos blancos a los que coloquialmente se les llama gusano pollo y que aparecen en ciertas épocas del año. La primera vez que supe de ellos fue cuando un agricultor estaba realizando la poda de los árboles y uno de esos gusanos se atravesó en su camino, picándolo y dejándolo con fiebre durante todo el día. Estos animales son muy comunes y pasan desapercibidos pues se alimentan de las hojas y viven debajo de ellas.

Un día todo fue completamente diferente. Mientras cruzábamos un puente de guadua, nos topamos con un pequeño amigo que puede ser terrorífico para algunas personas y fascinante para otras, era una culebra que se encontraba en unos árboles cerca de una quebrada que atraviesa la finca.  Cuando la vimos, mi reacción fue de pánico y decidí alejarme un poco; al parecer, ella estaba acostumbrada a ver humanos porque no se alteró. Uno de los trabajadores la tomó en sus manos para tomarle fotos, ya que esta era una de las “mascotas” de la Granja y estaba siendo protegida por los trabajadores dado que en la región es común que las maten. Después de tomada la foto, el trabajador la dispuso otra vez en su guarida, mientras yo me recuperaba del gran impacto que me ocasionó verla.

Por último, nunca olvidaré el día en que uno de los trabajadores vio que algo muy pequeño se movía y decidió echar un vistazo. Al mirar descubrió que era una ardilla bebé que se había separado de su madre, por lo que se la llevó a la finca y él mismo la cuidó y la protegió de los depredadores. Al pasar los días, la ardilla decidió emprender su camino, pero hoy es común verla cerca de la habitación del trabajador que la ayudó de pequeña, o comiéndose las mazorcas de cacao del cultivo.

Estas son solo algunas de las muchas especies que viven aquí y que demuestran el poder que tiene un cultivo de cacao para convertirse en santuario de cientos de animales vertebrados e invertebrados; para ser el lugar donde conviven especies de todo tipo, desde zarigüeyas, armadillos, guatines, perros, gatos, patos, conejos, hasta culebras e insectos. Es menester protegerlos y cuidarlos pues son ellos los encargados de una labor que nos supera a todos como seres humanos: mantener el equilibrio de las poblaciones y la biodiversidad de todo un ecosistema. Mientras ellos hacen una labor tan importante, yo, que me quedé trabajando en la Granja como Analista Agrícola, seguiré dejando que me acompañen y llenen mis días de mayor significado.

 

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