El origen de un sueño

“Tengo un sueño en el que necesitamos la unión de muchos… quiero montar una fábrica de chocolate”

Con esta frase, José Jesús Restrepo fundó Luker Chocolate hace 113 años. Una compañía con una visión que todavía hoy, después de cinco generaciones, se conserva; ya no solo en un hombre y su familia sino en el corazón de más de 1.000 colaboradores que componen la empresa.

Después de más de un siglo, los sueños han crecido. Sabemos que podemos aportarle más al país desde el chocolate y estamos seguros de que, con la voluntad de muchos, esto que era una idea empieza a consolidarse y a convertirse en un modelo en el que la Colombia rural y sus habitantes son los protagonistas. Ya no solo soñamos con una fábrica de chocolate; nuestro propósito hoy es transformar vidas a través de él.

La verdadera historia de la responsabilidad social y la sostenibilidad de Luker Chocolate es el recuento de un legado familiar que parte de un sueño, pero que se fue cimentando y extendiendo con todos sus miembros. En la búsqueda del propósito superior de Luker Chocolate, de su más profundo para qué, nos encontramos con las raíces de lo que hoy parece muy evidente, pero que, como siempre, tiene un origen en el corazón de uno o de varios. Allí conocimos muchas historias, el legado de una familia, sus valores y convicciones.

Empecemos por María de Restrepo, quien fue miembro de la familia fundadora de Luker Chocolate. Todos los sábados, en Manizales, salía a la ventana de su casa a repartir chocolate a los habitantes de calle. Sin ninguna pretensión más que dar algo de consuelo y alimento a algunos, llenaba cuadras enteras. Para ese entonces no se conocían las investigaciones acerca de la “felicidad que bridan el comer chocolate”, pero seguramente su servicio y este alimento lo lograron para muchos.

A este recuento se suma don Jaime Restrepo, fundador de la Fundación Luker, de quien se cuenta que apoyaba a todo aquel que se le acercaba con una gran idea, le regalaba parte de su tiempo y financiaba algunos de estos proyectos. Con el tiempo esto dio origen a la fundación, la cual tuvo más adelante una gran benefactora, Inés Restrepo Mejía, quien desde siempre apoyó causas alrededor de la niñez, la educación y la mujer. Ella decidió dejarle todo su legado a la fundación, permitiendo hoy la implementación de programas que han tenido un gran impacto positivo en Manizales, en términos de educación y emprendimiento.

Esta historia continúa gracias a las nuevas generaciones de la familia las cuales siguen construyendo país. Son muchos los que tienen detrás proyectos sociales, fundaciones, vocación de servicio y convicción de que entre muchos podemos construir un sueño. Todo lo anterior es la inspiración para la construcción de un modelo sostenible en el que queremos que Luker Chocolate perdure otros 100 años como negocio, para poder contribuir a todos aquellos que nos rodean, nuestros colaboradores, los agricultores, sus familias y nuestros clientes en todo el mundo.

Los líderes actuales de la compañía han apostado por seguir con este legado y llevarlo a otro nivel. Durante estos años, la compañía ha evolucionado y encontrado nuevas oportunidades, no solo en el mercado nacional sino también en mercados internacionales. En esa evolución se decidió que el negocio del chocolate tomara un rumbo distinto al de CasaLuker, el negocio de consumo masivo. De esta manera nació Luker Chocolate, una compañía que vende chocolate al mundo hecho con el mejor Cacao Fino de Aroma. Este nuevo modelo de negocio pasa de vender un producto a ofrecer un servicio integral alrededor del chocolate, con equipos innovadores, competitivos y, sobre todo, con un propósito superior.

Como compañía nos empezamos a renovar internamente, manteniendo la tradición familiar de más de 100 años, pero sumando las nuevas tendencias globales encaminadas a la sostenibilidad. Queremos aportarle al país desde un modelo económico, ambiental y socialmente responsable. En este sentido, hemos sido siempre una empresa cercana a los agricultores colombianos en las distintas regiones cacaoteras. Los hemos acompañado a través de la Granja Luker por más de 60 años en su formación como productores, para que tengan una comprensión más técnica del campo, que les ayude a mejorar la productividad y su calidad de vida.

Sin embargo, desde hace unos años nos empezamos a preguntar por nuevos caminos para el negocio, para el campo y para los pequeños agricultores. En esta búsqueda de nuevos modelos sostenibles para las regiones cacaoteras, que además coinciden en su mayoría con las regiones más afectadas por el conflicto armado, emprendimos un nuevo rumbo hacia la siembra de nuestros propios cultivos. Fue así como llegamos a Necoclí, en el Urabá antioqueño, para abrirle camino al cacao en una zona donde la violencia fue protagonista por tantos años. Llegamos contra todo pronóstico a sembrar 550 hectáreas de cacao en una tierra que había tenido por mucho tiempo una vocación ganadera; la trasformación fue un hito en la región. Se pasó de cinco a 220 empleos, de una finca con solo pasto, a la siembra de 600.000 nuevos árboles. Se empezó a hablar de estabilidad y futuro a partir de la formalidad en la contratación; las mujeres empezaron a protagonizar labores en el campo.

Todavía hay muchos retos en las veredas vecinas a la finca. Los índices multidimensionales de pobreza siguen siendo muy altos y aún se ven las secuelas de la violencia en los ojos de los niños y niñas. Todo el equipo que estaba emprendiendo esta nueva etapa empezó a preguntarse por nuestra responsabilidad como compañía. ¿Qué más podíamos aportar al campo, a la gente, a los niños y niñas, a nuestros vecinos? Así nació El Sueño de Chocolate, la visión de largo plazo de Luker Chocolate para liderar desarrollo social y económico en las regiones productoras de cacao donde trabajamos. Poco a poco, el Sueño se fue convirtiendo en el ADN de la estrategia de sostenibilidad de la compañía; sabíamos que podíamos dar más y encontramos cómo. Hoy, Luker Chocolate tiene una estrategia en la que los componentes económicos, ambientales y sociales van tomando el mismo peso y en la que el modelo de negocio se alinea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Capitalizamos todas las buenas prácticas de más de 110 años en un modelo de intervención integral en los territorios, ya no solo en Necoclí, sino también en Casanare, Huila, Tumaco y, a mediano plazo, las demás zonas cacaoteras del país. Sabemos que somos responsables del rumbo de Colombia y de nuestro planeta. Queremos que el campo colombiano logre ser protagonista, pero no por el sufrimiento que hubo a causa de la violencia, sino por su prosperidad, su dignidad, su potencial de desarrollo, sus saberes, su arte y su cultura.

Hemos integrado completamente nuestra cadena de valor para lograrlo, humanizando en primer lugar sus eslabones. Ya no hablamos de materia prima sino de agricultores y comunidades; ya no hablamos de transformación del cacao sino de equipos con propósito; no hablamos solo de ingresos sino de clientes con proyectos de vida. Adicionalmente, nuestra cadena de valor está buscando no ser lineal sino circular, de modo que el cliente pueda devolverle algo al campo a través de proyectos creados por nosotros y financiados por ellos, para mejorar las condiciones de vida de las comunidades y los agricultores que día a día trabajan por llevarles el mejor chocolate a su país.

El Sueño de Chocolate logra abrir nuevas conversaciones con todo aquel que tenga sobre su mesa un producto hecho con chocolate de Luker; un producto que no solo tiene la mejor calidad sino que carga consigo la historia de nuestro campo colombiano.

Sabemos que somos muchos los que tenemos que sumarnos para hacer de este sueño un movimiento que tenga la capacidad de recorrer el mundo. Por eso, El Sueño de Chocolate pronto abrirá sus puertas para que todos aquellos que quieran contribuir con su conocimiento, su experiencia y su tiempo, puedan encontrar en Luker Chocolate, el lugar para hacerlo.

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