Arte para sanar

Capítulo 1

Nota del editor: El año pasado el equipo de Transhuella trabajó con nosotros implementando un proyecto artístico que unió la pintura y la fotografía para reconocer la herencia cultural de las comunidades aledañas en nuestro cultivo de cacao en Necoclí y ayudar a sanar las heridas de guerra. A partir de su experiencia, construyeron un libro lleno de historias y hoy te traemos la primera.

 “Forma bien a la gente para que pueda marcharse, trátales mejor para que no quieran hacerlo”

– Richard Branson, Fundador Virgin

Sin duda alguna, Luker Chocolate, en nuestro imaginario, es un empaque amarillo que contiene el chocolate que tomamos desde que dejamos la leche materna. Esa bebida que incluso en los climas más calientes se sirve en la mesa de las familias colombianas, que reúne el amor genuino y expresiones como “Ay”, “Dios mío”, “Esto lo hicieron con leña robada”, al quemarse.

Creo que en ningún lugar se sirve el chocolate tan caliente como en Colombia.

Hay algo más allá en Luker Chocolate. Hay una historia de tradición y de éxito, de innovación y de pertenencia, una historia de responsabilidad que pocos conocen.

Una empresa con un amplio portafolio de productos, suficiente para abastecer todo lo que necesita un hogar, para darle vida y color a nuestras tienditas de barrio. En Colombia podemos caminar unos pocos metros para comprar lo que nos hace falta mientras saludamos a los vecinos.

Hay un producto estrella con un aroma único que hipnotiza varias cuadras a la redonda de las oficinas principales en ciudad como Bogotá: el olor a CACAO.

A partir del cacao, Luker Chocolate ha construido la columna vertebral de su programa de responsabilidad social, uno que ha sido premiado y reconocido a nivel mundial.

La responsabilidad social o el valor compartido son sinónimos de exención de impuestos y campañas de marketing que muestran el lado amable de las empresas. Así lo percibimos los ciudadanos comunes, como una excusa de las empresas que mas que ayudar a quienes se encuentran en su área de impacto y devolver a la sociedad lo que han logrado, buscan disminuir la carga impositiva.

Sin embargo, en Transhuella sabemos que somos más los que hacemos las cosas bien y actuamos con sentido social; que somos más quienes producimos pensando en devolverle a la sociedad colombiana y su territorio todo lo que nos han dado.

Por eso hemos emprendido esta tarea con aquellos dispuestos a abrir sus puertas para dar a conocer lo que hay detrás de cada uno de sus productos: el amor y el compromiso con sus orígenes y la sociedad.

Entender que los trabajadores, empleados, la materia primera y el entorno, son tan importantes como sus propietarios; de eso de tratan las empresas sostenibles.

¿No es acaso responsabilidad social involucrar a otros actores para enamorarlos, primero, de lo que significa un esfuerzo individual para luego convertirlo en una causa común?. Como sociedad la responsabilidad es compartida, todos tenemos algo que aportar.

Para nuestra sorpresa, hay un equipo detrás de esa gran marca pensando no en cómo mostrar su aporte a la sociedad (más allá de la energía diaria que nos dan con su chocolate) sino en cómo impactar la vida de las manos que hacen realidad El Sueño de Chocolate.

Luker Chocolate es sinónimo de bendiciones y oportunidades, así lo dicen Rosalba y Silvia, madre e hija. Silvia trabaja con Luker Chocolate, y Rosalba, a pesar de no hacerlo, ha sentido el impacto positivo en la región desde la llegada de una empresa que se quedó en sus corazones. Una empresa que le apostó a desarrollar su negocio de la mano de la comunidad que rodea su cultivo empresarial de cacao en Necoclí, no sólo a quienes trabajan con ellos de forma directa.

Sin duda alguna, la presencia de Luker Chocolate le ha dado vida a esta comunidad y ha impulsado sus sueños, incluso de personas que no se relacionan de forma directa con su empresa.

Construir un país es arriesgarse como lo hace Luker Chocolate, un ejemplo para el sector empresarial colombiano.

El chocolate tiene, seguro, celebraciones en el mundo entero… Pero sólo un lugar mágico entiende la importancia de celebrar el fruto de donde proviene un alimento, un dulce, un producto con facetas y usos tan diversos como sus colores.

Caribia tiene 438 habitantes, 438 voces que cantan en la alborada del Festival del Cacao:

“Viene que ya viene, viene el Festival Crece la cosecha vamo’ a celebrar

Viene que ya viene, viene el Festival Se unen las familias, todas por igual.”

El Festival del Cacao es un día más en el que Luker Chocolate se vuelca por completo a construir con la comunidad, a pintar la cara de los niños con sonrisas, compartir una chocolatada
y un sancocho en los que todos participan por igual; llevar un equipo de profesionales de las más altas calidades humanas, para recordarle a la comunidad de Caribia que sin ellos el chocolate no tendría el mismo sabor.

En Transhuella estamos orgullosos de colaborar con Luker Chocolate, una empresa que crece de la mano de un país.

Queremos ser participes de la transformación de Colombia.

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